lunes, 10 de julio de 2017

Basta ya de héroes


“Los héroes andan sueltos”.  Así titula la escritora venezolana Ana Teresa Torres el Preámbulo de su interesante libro La herencia de la tribu y  cada día que pasa parece que nos obstinamos en demostrar que tiene razón. Pero si los héroes pululan, debe ser porque cuentan con públicos entusiastas que los producen y los sostienen.
            Hago un breve recuento: en la escuela primaria o básica, y también en el bachillerato, la historia que estudiamos era la de batallas, combates y degollinas; de hombres que mataban -y algunos murieron en ello- a sablazos, balazos, lanzazos; hombres a caballo, con o sin uniformes y charreteras, hombres violentos, en una palabra. No es preciso entrar a considerar la necesidad de sus acciones pero valdría la pena preguntarse si acaso son los únicos que merecen reverencia ya que nuestra historia republicana está cargada de destacadas figuras civiles que apenas nombramos y, menos aún, conocemos. Juan Germán Roscio, Andrés Bello, Simón Rodríguez, Fermín Toro, Juan Vicente González, Rafael María Baralt, José María Vargas para sólo remitirme al siglo XIX, fueron civiles a quienes muy pocos admiran y a quienes, seguramente ningún venezolano consideraría un héroe, es decir, una “Persona que se distingue por haber realizado una hazaña extraordinaria, especialmente si requiere mucho valor”. ¿Por qué? Tal vez porque, «hazaña extraordinaria», «valor», «coraje» o  «valentía» son cualidades que, para nosotros, están ligadas a la fuerza, a la violencia y al voluntarismo individual, no al trabajo paciente, al diálogo ni a la perseverancia. Pero esos civiles que acabo de mencionar líneas arriba -y también muchos otros- hicieron por la República algo muy distinto de echar tiros y que, no obstante, requería mucho valor y sobre todo, mucha inteligencia. Porque dedicarse a enseñar, a pensar, a escribir, a tratar de fundamentar las posiciones asumidas sobre razones y no sobre la fuerza bruta del fusil o de la pandilla, en tiempos cuando casi todo el que no estaba matando estaba huyendo para que no lo mataran, me parece no sólo meritorio, sino tremendamente valiente y extraordinario, o sea, heroico.
            Y  paradójicamente en las últimas décadas, cuando el trabajo civil para sostener las instituciones republicanas ha sido más urgente y menos glamoroso, el hambre de héroes que tantos venezolanos sienten se ha hecho más que patente: ¿recuerda alguien a los niños disfrazados de militares durante el carnaval inmediatamente posterior al intento de golpe de Estado en febrero de 1992? ¿O los titulares elogiosos de la prensa nacional y la peregrinación a la cárcel de Yare para visitar a los “ángeles rebeldes“, como calificó Angela Zago a una sarta de oficiales felones, irresponsables y cobardes? ¿Hemos olvidado acaso que uno de esos militares –el más cobarde, traicionero e irresponsable de todos ellos- fue elegido Presidente de la República, es decir, que se le otorgó el máximo cargo político al que se puede aspirar? Y más recientemente, ¿alguien recuerda que al nefasto general Padrino López lo ensalzaron en las redes sociales como el salvador del triunfo civil de los demócratas en 2015 con ocasión de la elección de la Asamblea Nacional? En los presentes días hay, lastimosamente no podría ser de otro modo, un mercadeo en auge de héroes y heroínas: una señora que ha sido cómplice de los desmanes penales desde el 2009, ahora es una figura admirada porque  está haciendo lo que su cargo le demandaba hacer desde que lo asumió; un desconocido policía sobrevuela Caracas en un helicóptero, hace unas piruetas, graba un par de videos y la gente lo aclama; grupos de muchachos se enfrentan a los cuerpos represivos y todo el mundo se refiere a ellos en términos épicos y rimbombantes; un dirigente político que con su precipitación e impericia propició no sólo su encarcelamiento sino la muerte de varios ciudadanos a manos de los esbirros del gobierno actual es también elevado a la condición de héroe. Y uno asombrado se pregunta ¿y cuál es la hazaña extraordinaria que pueden acreditar para ello? Por más que uno busca, la razón y la mesura no le permiten hallar nada parecido…pero para la masa que los aclama y para el pueblo, ese cuya voz es la de Dios y que, además, siempre tiene la razón, un llamado a la sensatez y a la mesura es un síntoma de debilidad.
Tal vez este es uno de los motivos por los que la política sigue siendo vista con tanto desdén en nuestro entorno y por lo que quienes se empeñan en practicarla honestamente aún a riesgo de su integridad, siguen siendo tildados de cobardes, faltos de b…; blandengues y de otros calificativos peores. Tal vez meditando sobre estas actitudes podamos entender por qué  Julio Borges fue tan duramente criticado cuando en forma gallarda no respondió con violencia a la violencia de la que acababa de ser objeto en la Asamblea Nacional por parte de un coronel de infausta recordación; o por qué a Henrique Capriles se le sigue echando en cara que “cobardemente entregó su victoria electoral en 2013 porque no llamó a la gente a asaltar el C.N.E”.
Tal vez, en fin, meditando sobre estas lacerantes cuestiones lleguemos un día a entender que no necesitamos héroes sino ciudadanos, funcionarios y líderes, valientes sí, pero no irresponsables.
Tomás Palacios M.
U.C.V.
Julio 10 2017
                       





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